¿POR QUÉ ES NECESARIA UNA CONSTITUYENTE A PARTIR DE LOS TERRITORIOS?

LA HISTORIA DEL NUNCA ACABAR: ELEGIR LOS MISMOS DE SIEMPRE

 


 

El Estado es una estructura montada para garantizar que los políticos desarrollen sus actividades y se mantengan en el poder.

 


 

Quienes han llegado a altos niveles de liderazgo en los partidos políticos tradicionales poseen características en su personalidad que son comunes a la mayoría de ellos y les permite pertenecer a esa “elite”: son altamente competitivos, astutos, calculadores, egoístas, enfocados en mantener y aumentar su poder donde el Estado es el sitio en el cual desarrollan sus actividades.

Llegaron para quedarse. Cada territorio ha sido tomado por un grupo de dirigentes que se ha venido formando desde que sus antepasados se apoderaron del territorio por medio de la violencia en una de las guerras que ha tenido en el país; estos personajes son cada vez más sutiles y utilizan todo tipo de medios para mantener su liderazgo; estos líderes son aceptados como algo natural mientras se van apoderando de las riquezas que poseen las regiones: explotan el subsuelo, acaban con el agua, comercializan los bienes naturales indiscriminadamente y utilizan los recursos del Estado para su beneficio.

Entre sus objetivos se encuentra mantener el statu quo para lo cual, se rodean de una poderosa fuerza de seguidores fervientes y disciplinados; que están unidos a sus intereses por un imaginario de lealtad; quienes proclaman enardecidamente las verdades de este “líder”. Tienen a su favor el apoyo de las fuerzas del orden.

La misión del gobernante es la felicidad de la comunidad y “ésta sólo puede conseguirse mediante el establecimiento de un Estado fuerte” proclaman con astucia mientras destruyen sus enemigos políticos utilizando el engaño y la crueldad. La virtud de esta élite es la prudencia; hay situaciones que deben permanecer ocultas a los ciudadanos; “es lo mejor para la supervivencia del Estado”.

Estos políticos tienen habilidad para manipular a quienes le siguen. "El que consigue el poder es el Príncipe, el que consigue el orden y la paz son los súbditos", escribió Maquiavelo.

Este imaginario social que han formado alrededor del concepto del Estado solo es posible porque hay una aceptación tácita de quienes los eligen con su voto, periodo tras periodo; allí les dan la autoridad para que manejen el poder a través de las instituciones utilizándolas para fortalecer su poder político; el Estado les permite coordinar con eficiencia sus acciones sobre los territorios. El Estado es soberano; por lo tanto, posee los elementos requeridos para mandar y prohibir por iniciativa propia y sin ninguna dependencia las acciones de sus súbditos.

En la práctica, la maquinaria que montan está compuesta por directivos de las diferentes instituciones, especialmente de los organismos de control y de aquellos desde donde se imparte justicia: procuraduría, contraloría, personería, fiscalía y juzgados de la república; desde ellas pueden presionar u otorgar favores beneficiando a quien está con ellos y castigando a sus opositores. Es una práctica común la eliminación política de sus contendores.

Los medios han venido denunciando la presencia de estas maquinarias con titulares como “Fiscalía adelanta más 3.000 investigaciones por corrupción de jueces”[1]; “Plaga de la corrupción, infiltrada en los órganos que deben combatirla”[2]; "Mafias que se encargan de llevar a la cárcel a quienes estén en contra de la maquinaria política de algunas regiones[3]; también han denunciado los carteles de jueces donde se negocian los fallos[4] y que el nivel de la corrupción se encuentra en toda su magnitud en las altas cortes donde magistrados, exmagistrados y expresidentes de la Corte Suprema de Justicia han sido “salpicados” por casos de corrupción. Estas denuncias, son solo la punta del Iceberg.

El poder de los corruptos ha superado las barreras de la constitucionalidad burlando incluso la controvertida Reforma Constitucional del Equilibrio de Poderes que buscaba controlar la autoridad sin control y la corrupción que existe, y se maneja desde las altas cortes; para ello se ordenó que la elección a cargos públicos se realizara a través del concurso público; con base a un examen de las capacidades de los aspirantes; sin embargo, esta ley no ha sido un impedimento para que “los organismos de control continúen bajo el mando de los clanes regionales y en el bolsillo de mandatarios locales” y la elección de los máximos jueces del control fiscal y administrativo siga marcada por la decisión de políticos que buscan favorecer sus intereses personales[5].

El poder constituyente es la única fuerza democrática que permite transitar desde las degradadas y corruptas formas de gobierno, hacia una administración donde participan las multitudes vibrantes y multicolores; donde cada territorio se hace partícipe de sus conquistas teniendo como objetivo el Buen Vivir en el país; ello implica minimizar la influencia de intereses particulares y de poder por parte de los partidos políticos y permita conducir a una paz soportada en el bienestar, garantizando Atención Prioritaria a la primera infancia, Seguridad Social en Salud y Pensiones, Educación, Justicia, sustitución de las fuentes de energía no renovables y acciones para la productividad y generación de empleo. Una paz cuyo protagonista sea el país nacional, no el país político.

Las permanentes violaciones de los derechos humanos y el manejo político que se ha realizado con el contenido de los acuerdos de la Habana producen nuevas violencias; al presidente no le interesa afectar la estructura actual porque ello implica colocar el Estado al servicio de la gente, democratizar el acceso a la tierra, desmontar el poder de las mafias en los territorios, garantizar el derecho fundamental al agua, a la salud y la educación de calidad,  priorizar el páramo antes que a la codicia minera; un statu quo que mantiene los intereses quienes pertenecen a esta élite.

La paz real requiere que se identifique lo que marcha mal y sus causas. No existen manuales para cambiar la historia, pero la evidencia empírica enseña que la historia la cambian los pueblos y el convencimiento que la única vía para alcanzar este cambio, implica romper con la política que nos trajo hasta este punto.

Hay dos opciones:  la transformación desde y con la gente o esperar eternamente algo bueno por parte de los políticos que dirigen el país; la vieja política ha demostrado su fracaso, pero se aferra al poder con violencia para no perder sus privilegios y una nueva política emerge desde los territorios enfrentando a las mineras transnacionales, convocando cabildos, discutiendo la política en las calles y soportando la violencia estatal que se manifiesta a través de la fuerza pública.

Es el momento de activar el poder constituyente para que los deseos de la gente venzan sobre la codicia de las élites; para que la nueva política termine de nacer.

¿Y qué es el poder constituyente?

El pensamiento tradicional ha impuesto un significado reducido del poder constituyente limitandolo a ser algo que se activa únicamente en momentos convenientes a la vieja política; sin embargo, el poder constituyente es una fuerza permanente que reside en la ciudadanía, siendo la única forma para cambiar el modo como se gobierna el país; incluso deconstituyendo (desmontando) sus propias creaciones.

El poder constituyente es entonces el poder de la gente; por medio del cual se puede acabar con lo viejo y construir lo nuevo: es el poder de los pueblos para hacer su propia historia.

LA CRISIS SOCIAL, ECONÓMICA Y MORAL QUE SUFRE EL PAÍS EXIGE ACTIVAR EL PODER CONSTITUYENTE CON URGENCIA PARA ELIMINAR DE UNA VEZ POR TODAS LAS CAUSAS DE LA GUERRA.

Información recopilada por Miguel Pacheco


[3] El Tiempo, 22 de agosto de 2017

[4] Revista Semana, 11 de febrero de 2013

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